¿Sabes interpretar las etiquetas de los neumáticos?

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En países como Alemania llega un día de otoño en que el estado obliga a cambiar los neumáticos de verano por los de invierno y más tarde en primavera obliga a realizar el cambio inverso, invierno por verano. En España, aunque los cambios no suelen ser tan drásticos, los neumáticos de inviernos son recomendables para transitar por carreteras en las que la nieve es frecuente. En todo caso, llegada la época de lluvias, conviene revisar el estado de los neumáticos y, en caso de deterioro, cambiarlos por unos nuevos.

Al igual que sucede con los electrodomésticos, los neumáticos tienen un etiquetado reglado por las normas europeas, que conviene saber interpretar para así poder elegir el que más se ajuste a nuestras necesidades.

La etiqueta energética refleja gráficamente tres apartados. El primero está reservado a la resistencia a la rodadura: sus calificaciones van de la letra A, que representa la máxima aportación de la cubierta a la reducción del gasto de combustible del vehículo, a la G. Conforme a un coeficiente de resistencia a la rodadura o CRR, en una escala de la G a la A. La relación no es lineal, pero por cada letra que se añade en orden alfabético el neumático genera un consumo aproximadamente 0,5 l/100 km superior de media, lo que a la inversa viene a suponer un ahorro de un 7,5%.

La resistencia al rodamiento es la fuerza que se opone la rotación del neumático. Al contrario de lo que ocurre con una bola de vidrio que rueda sobre una placa de mármol, los neumáticos requieren un grado de flexibilidad para asegurar el confort y el agarre.

Esta flexibilidad conlleva la deformación del área del neumático en contacto con el pavimento. Con cada revolución de la rueda, el neumático se deforma, debido al peso del vehículo. Esta deformación repetida consume mucha energía: al menos el 20% del combustible necesario para el desplazamiento, en el caso de un vehículo de pasajeros.

El segundo apartado se sirve de la misma escala para medir la adherencia del neumático en superficie mojada, vital para garantizar una óptima frenada. De nuevo, en una escala de la A a la G, siendo la primera la mejor valoración y la última la peor. Por cada letra que se añade en orden alfabético la distancia de frenado de la cubierta aumenta un 30 por ciento.

Por debajo de ambos, tres barras curvadas representan el nivel de decibelios que provoca la cubierta al rodar. A menos barras negras más eficiente será el neumático en este capítulo. Dentro de una barra negra se muestran los decibelios que genera. Deben estar entre 71 y 74, dentro de los límites actualmente establecidos, o bien entre 68 y 71 conforme a la futura normativa en la materia.

Fuente: ABC Motor

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